Hace unos cuantos años, por asuntos laborales, tuve que ir al siquiatra o sicólogo, no recuerdo cual de los dos era. Después de un largo conversar sobre cuáles eran mis verdaderas intensiones de conseguir un trabajo, ¿por sobre la necesidad?, en donde me explaye de manera bastante concisa, nunca he sido muy abierta a contar mi vida, ni menos a los matasanos, ni menos por dinero. Ella de una manera muy hábil saco una laminitas, “empecemos con el Test Rorschach”, dijo, con esa sonrisa hipócrita, casi sarcástica que acompañan a los malditos de blanco. Viendo cerca de 30 laminitas, de variados murciélagos, termino la tortura a mi estéril imaginación, retirándome de ahí bastante perturbada y sin ganas de saber si aprobé con el modelo sicológico que requería esta empresa. Cansada, me prometí que nunca iría un locologo por más problemas que atormentaran mi siques. Conseguí el empleo, y el informe terapéutico dijo que yo era estable, segura, y confiable para una empresa que quiere mi tiempo para su producción. En ese tiempo tenia novia, había proyectos, y animosidad porque era más inmadura, una ingenua en muchas cosas, si, era una inocente pajarita. Al poco tiempo, mi novia me dejo, por no sé quién, mi ambiente social se torno solitario, y el laboral inestable. Ansiedades que no había experimentado aparecieron en mi cuerpo, calambres nocturnos, dolores de espalda, caspa, canas, ceguera y ataques de cólera. Y la necesidad me llevo nuevamente a un matasanos, con la obviedad de diagnostico, Stress. Con un coctel de tabletas como tratamiento, supe que no era la mejor elección, y decidí tornar mis trastornadas inquietudes a la música, quien ya me había sacado de depresiones amorosas varias, y llevándome a otros hábitats desconocidos. Y como medio de desahogo este blog, que es como el sillón de los malditos hombres de blanco, aunque sin la soberbia ególatra de sus observaciones.

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